Las últimas cifras volvieron a poner en evidencia el complejo momento que atraviesa la minería chilena. El Índice Mensual de Actividad Económica (Imacec) cayó 1% interanual en agosto, arrastrado principalmente por el sector minero, que se contrajo 17,4%. El escenario ha venido acompañado, además, de un deterioro en los resultados de algunas de las principales compañías del sector, pero no solo de las grandes mineras. A su alrededor existe un amplio ecosistema de proveedores y contratistas que también comenzó a sentir los efectos de un ciclo que prometía despegar con fuerza, pero cuya materialización ha tomado más tiempo.
La última cartera de inversiones elaborada por la Comisión Chilena del Cobre (Cochilco) contempla un total de US$ 104.549 millones en proyectos para el período 20252034, su mayor nivel en más de una década. Solo para 2026, el organismo proyectaba desembolsos por cerca de US$ 8.900 millones entre cobre y otros minerales. Sin embargo, una parte importante de esa cartera todavía está pendiente de realizarse efectivamente. Ahí aparece el problema para la cadena que rodea a la minería.
Ante las perspectivas de un nuevo ciclo de inversión, tanto grandes como pequeñas empresas comenzaron a prepararse con anticipación. Algunas reforzaron sus dotaciones, otras adquirieron equipos y maquinaria, ampliaron capacidades o destinaron recursos para estar en condiciones de competir por los contratos que esperaban que comenzaran a licitarse. Sin embargo, el menor dinamismo y la demora en la materialización de los proyectos dejaron parte de esa capacidad sin utilizar, obligando a algunas firmas a mantener equipos detenidos, absorber mayores costos y comenzar a ajustar las estructuras que habían preparado para un nivel de actividad que no ha llegado.
El presidente de la Asociación de Proveedores Industriales de la Minería (Aprimin), Ari Bermann, reconoció que para la cadena de proveedores el impacto no es insignificante, ya que “la menor tracción de las grandes compañías se siente de inmediato en la operación diaria”. El dirigente agregó que las fluctuaciones en los ritmos productivos de las grandes compañías mandantes generan impactos en toda la cadena de valor y que el escenario ha obligado a numerosas firmas a optimizar procesos y reestructurar sus modelos operativos en busca de una mayor eficiencia. “Sin embargo, no estamos paralizados; mantenemos una demanda técnica estructural que sigue siendo la columna vertebral del trabajo en las regiones del norte (…)Es importante que se generen las condiciones para que los proyectos de inversión anunciados por las compañías mineras puedan ejecutarse, ya que los proveedores nos mantenemos expectantes y preparados para acompañar su implementación”, enfatizó Bermann.
En una línea similar, la Asociación de Industrias Metalúrgicas y Metalmecánicas (Asimet) informó que el sector registró en agosto una caída anualizada de 2,9% en sus niveles de producción y acumuló un retroceso de 5,6% durante los primeros ocho meses del año, en un contexto también marcado por el menor dinamismo de la minería.